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Un artículo analiza el gran potencial de los móviles y la tecnología ‘wearable’ para monitorizar e implementar intervenciones en estilos de vida


Investigadores de la BBHI y de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) han publicado en Frontiers in Digital Health un artículo de revisión sobre el uso de nuevas tecnologías (fenotipado digital) para evaluar o predecir la interocepción, el estrés crónico y la autorregulación en adultos. Los resultados constatan un patrón: la evidencia se concentra principalmente en el estrés y la mayoría de estudios limitan el seguimiento a menos de un mes.

El fenotipado digital (FD) permite recopilar información detallada sobre el estado de salud y el comportamiento de una persona a partir de datos recogidos por teléfonos inteligentes y dispositivos wearables de monitorización (por ejemplo, pulseras o relojes inteligentes). “Es un ámbito aún en fases tempranas, pero con un gran potencial”, asegura Javier Solana, Director de Investigación de Guttmann e investigador de la BBHI. “Si la evidencia se consolida, podría contribuir a una atención más personalizada, detectando cambios sutiles en bienestar, estrés o capacidad de regulación antes de que se traduzcan en problemas mayores”, añade.

El artículo publicado en Frontiers in Digital Health se enmarca en el proyecto ToBrainHealth, que busca comprender mejor cómo los hábitos de vida y los cambios de comportamiento influyen en la salud cerebral. De los 18 estudios incluidos, la mayoría se centró en el estrés (11), mientras que solo 2 abordaron la interocepción (cómo percibimos señales internas del cuerpo) y 5 la autorregulación (capacidad de gestionar emociones, conducta y respuestas ante el entorno). “Este desequilibrio refleja que la investigación avanza más rápido en aquello que ya cuenta con marcadores fisiológicos relativamente accesibles —como la variabilidad de la frecuencia cardiaca (HRV)—, mientras que constructos más complejos, como la interocepción o la autorregulación, siguen siendo difíciles de medir de forma consistente con datos digitales”, explica Marta Álvarez, investigadora de la UPM.

Predominio de ‘wearables’ y seguimientos cortos

La revisión también muestra que el 83% de los trabajos monitorizó a los participantes durante un mes o menos. Según Solana, “esto limita la capacidad de capturar patrones estables y diferenciar, por ejemplo, un episodio puntual de estrés de un perfil de estrés crónico”.

Además, predominaron los estudios basados en dispositivos wearables (13), frente a 3 que emplearon solo smartphones y 2 que combinaron ambos. Entre los indicadores más utilizados se encuentran la HRV, la frecuencia cardiaca, la actividad electrodérmica, la acelerometría y variables relacionadas con sueño y actividad.

A partir de estos resultados, el equipo investigador identifica retos clave para madurar el campo: estudios más largos y con muestras mayores para mejorar la robustez; una recogida multimodal que combine la información de los dispositivos con datos sobre el contexto de la persona (por ejemplo, mediante cuestionarios breves repetidos), y una mejor definición de cómo medir la interocepción y la autorregulación a partir de datos digitales.