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Un estudio demuestra por primera vez en personas sanas que tener más propósito vital puede hacerlas más resilientes frente a los cambios cerebrales asociados al envejecimiento


A partir de los 45 años, más del 90% de la población presenta cambios estructurales cerebrales que conllevan un declive en diferentes funciones cognitivas, especialmente aquellas relacionadas con la velocidad a la que hacemos las cosas. Se trata de una consecuencia natural del envejecimiento y “las acumulamos igual que acumulamos las arrugas”, expone Kilian Abellaneda, Doctor en Neurociencias e investigador del Institut Guttmann. Sin embargo, en algunos casos estas lesiones pueden derivar en un deterioro cognitivo severo, por lo que identificar mecanismos que puedan promover resiliencia frente a este daño es un objetivo primordial en una sociedad cada vez más envejecida. Ahora, un estudio de la Barcelona Brain Health Initiative (BBHI) demuestra por primera vez en personas sanas que tener un mayor propósito vital puede promover resiliencia frente a las lesiones cerebrales causadas por el paso del tiempo, e identifica diferencias en el funcionamiento de las redes cerebrales entre las personas con mayor o menor propósito vital.

“El propósito vital se había identificado como factor protector en condiciones de patología, como la enfermedad de Alzheimer, pero hasta ahora no se había investigado si promovía la resiliencia en adultos sanos de mediana edad”, explica David Bartrés-Faz , investigador principal de la BBHI, catedrático de Psicología Médica de la facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Barcelona y último autor del artículo, publicado en la revista Alzheimer's Research & Therapy.

El término “resiliencia” se refiere a la capacidad del cerebro para mantener un buen funcionamiento a pesar del envejecimiento y enfermedad. Dada la falta de intervenciones terapéuticas efectivas contra las patologías que conllevan deterioro cognitivo, identificar qué factores modificables pueden promover esta resiliencia es esencial. Algunos de estos factores son el ejercicio físico, la dieta, el entrenamiento cognitivo y, como plantea el artículo, factores psicológicos, entre los que se incluye el propósito vital (PV), entendido como tener una vida llena, con unos objetivos y una direccionalidad acorde con nuestros valores. “Dicho de otro modo, es lo que los japoneses llaman 'ikigai', que es la razón por la que nos levantamos cada mañana”, apunta Abellaneda, primer autor del artículo.

Medida de prevención del deterioro cognitivo

El estudio seleccionó a 624 personas sanas –sin patologías neurológicas ni psiquiátricas– de la BBHI, una iniciativa del Instituto Guttmann, en colaboración con la Universitat de Barcelona y el Marcus Institute for Aging Research, Hebrew SeniorLife, Harvard Medical School (Boston, EEUU), que tiene como objetivo conocer y entender cómo podemos mantener la salud del cerebro a lo largo del tiempo. Se estudiaron las personas que presentaban un mayor índice de PV, en contraposición a las que tenían un índice menor. “En las personas con menos propósito vital, se detecta muy claramente que cuantas más lesiones tienen, mayor afectación de las funciones ejecutivas presentan, mientras que en las personas con más propósito las mismas lesiones no causaban afectaciones a nivel cognitivo”, desarrolla Abellaneda. “Esto es relevante porque el hecho de tener un propósito vital se puede trabajar mediante intervenciones psicológicas, lo que significa que podría convertirse en una medida de prevención del deterioro cognitivo”, añade Bartrés-Faz.

El segundo objetivo del estudio era identificar los mecanismos biológicos sobre los que se sustentan las diferencias de PV entre personas. Utilizando técnicas de neuroimagen funcional, los investigadores han visto que los participantes con mayor PV tienen una configuración de las redes cerebrales ligeramente diferente. Concretamente, presentan una conectividad diferencial en la llamada “red neuronal por defecto” (default-mode network), un sistema cerebral definido en ocasiones como “la red del yo” y que se ha asociado, entre otros, al recuerdo autobiográfico y al pensamiento en uno mismo. “Hemos visto que algunas conexiones específicas que implican esta red están asociadas a un mejor rendimiento cognitivo, convirtiéndose en un posible mecanismo de reserva cerebral que podría estar en la base de que las personas con más propósito vital tengan una mayor resiliencia”, razona Abellaneda.