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Ser socialmente activo puede ayudar a reducir el riesgo de declive cognitivo

El aspecto social de la vida de una persona es muy importante para mantener la salud cerebral y se puede dividir en diferentes factores: la red social, la actividad social y la integración social.

El primero se puede resumir como el número de amigos y familiares que se tienen alrededor; el segundo con el número de contactos directos que regularmente se tienen con ellos y, el tercero, como la participación activa que se tiene en la vida de la sociedad en general.

Integración social

La integración social se puede considerar, por ejemplo, como la participación en diferentes asociaciones, casales, grupo religiosos u otras entidades.

Estudios recientes han evidenciado que aparte de la magnitud de la red social y el número de relaciones que tenemos, la integración social también tiene un rol muy importante al reducir el riesgo de declive cognitivo y el desarrollo de demencias.

El estudio «Envejecer en Leganés», realizado en España, ha analizado el impacto de la integración social en el declive cognitivo, evidenciando que las personas que no formaban parte de ningún grupo o asociación, no frecuentaban casales de gente mayor o grupos religiosos, tenían entre una vez y media y dos veces más probabilidades de desarrollar un declive cognitivo en los siguientes cuatro años.

Según los autores estos efectos podrían tener diferentes orígenes.

Una posibilidad es que estas actividades y las relaciones sociales que comportan pueden representar una estimulación mental continua que puede proteger de los procesos patológicos.

Otra explicación es más psicosocial, es decir, una mejor integración social comporta más contactos y ser socialmente más activos y esto podría generar estos efectos benéficos.

Por último, estos efectos podrían derivar de factores fisiológicos. En este sentido la integración social podría reducir el estrés, que favorece los procesos degenerativos, y así ejercer este efecto protector para el cerebro.

 

Voluntariado

Un tipo de actividad que se puede considerar como parte de la integración social es el voluntariado.

Un importante estudio que ha seguido durante ocho años a un grupo de 2.500 personas ha identificado el voluntariado como una de las actividades que pueden ayudar a mantener un correcto funcionamiento cognitivo en el envejecimiento.

Este tipo de actividad, además, ha sido asociado a menor hipertensión, menor mortalidad y una aumentada percepción de bienestar.

Este y otros estudios sugieren que los efectos benéficos del voluntariado podrían depender del aspecto social que comporta, el aspecto mentalmente estimulante y también en aspectos más emocionales como la gratitud.

 

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