Consejos

¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando hacemos ejercicio?

Consejo elaborado por Marc Esteve, entrenador personal de Metropolitan Balmes, colaborador del BBHI en el pilar del ejercicio físico.

El ejercicio físico de adecuada intensidad activa nuestro sistema simpático y hace que (entre otras muchas cosas) nuestra sangre comience a circular rápidamente por todo el cuerpo y se segreguen una serie de substancias químicas.

No solo las zonas que estamos moviendo reciben más sangre, nutrientes y oxígeno si no también nuestro cerebro, incrementando así su actividad. La secreción de endorfinas hace que el bienestar producido por la práctica deportiva no sea simplemente una “sensación” si no una respuesta fisiológica medible y demostrable.

Pero, ¿qué tipo de ejercicios tienen más incidencia sobre la salud cerebral?

 

  • Actividades con componente aeróbico importante. Cualquier ejercicio que implique un incremento de la frecuencia cardiaca lo suficientemente elevado para activar todos los procesos mencionados arriba. Así pues; correr, nadar, caminar a paso ligero o entrenar fuerza en circuito serían buenos ejemplos de prácticas deportivas recomendadas.
  • El ejercicio en la naturaleza potencia los efectos de la actividad. La vitamina D que sintetizamos a partir de la exposición solar en nuestros entrenamientos al aire libre tiene grandes beneficios sobre la salud y la función del metabolismo, así como en la prevención de enfermedades cardiovasculares. La exposición durante el día puede ayudar a dormir mejor por las noches, mejorar la función inmunológica e incrementar la producción de las “hormonas de la felicidad”. La práctica deportiva al aire libre, además, se utiliza como tratamiento frecuente para la depresión y otros problemas del estado anímico
  • Los deportes o clases colectivas nos ofrecen un componente social que puede incrementar los efectos positivos del ejercicio en el estado de ánimo. Las relaciones sociales en cualquier actividad hacen que la motivación de cualquier participante sea más importante para seguir realizando dicha actividad.
  • Los ejercicios de alta intensidad metabólica (prescritos y controlados por un profesional titulado) producen una respuesta hormonal mayor que los de baja intensidad y deberíamos incluirlos en nuestro programa de “salud cerebral”.
  • Los ejercicios que implican actos conscientes de memoria, coordinación, toma de decisión y concentración nos sirven para estimular el cerebro no solo de forma pasiva sino también de forma activa. La variabilidad en el entrenamiento, el entorno, el material utilizado y el tipo de práctica son también un factor clave para evitar que el cerebro se acostumbre a los estímulos y siga siempre trabajando.
  • Se ha visto recientemente que los ejercicios que implican fuerza de agarre tienden a estimular áreas del cerebro que están relacionadas con la demencia. Así pues, este tipo de ejercicios deberían incluirse de forma habitual en los programas de salud.

 

El ejercicio no es solo saludable para estar bien por fuera sino también por dentro. La “pastilla mágica” que tenemos en el SXXI para combatir las enfermedades neurodegenerativas, el envejecimiento prematuro, la depresión, el estrés, la ansiedad y multitud más de trastornos relacionados con la mente se llama ejercicio físico controlado y prescrito.

Referencias del artículo:

Gladwell et al., 2013 / Pludowsky et al., 2013 / Nathaniel et al., 2008. / Mackay & Neill, 2010. / Ryan & Powelson, 1991. / MacInnis MJ et al., 2017. / González-Cutre et al., 2016. / Kim JH, 2018.

 

 

 

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