Noticia

Realizar actividades cognitivas puede reducir la afectación del dolor crónico sobre la salud mental

Un estudio con participantes del BBHI indica que las personas con una mayor reserva cognitiva pueden afrontar el dolor persistente de manera más eficaz, lo que se traduce en un menor impacto sobre su salud mental

El dolor crónico se define como aquel que un individuo experimenta durante más de 3 meses, ya sea de manera persistente o por episodios. Se trata de un problema de salud relativamente frecuente ­–según la Sociedad Española del Dolor, un 18% de la población española vive con dolor crónico, un porcentaje que alcanza al 37% en la infancia y el 70% en los mayores de 65 años– que se asocia muy a menudo con desórdenes de salud mental, deterioro cognitivo, alteraciones del sueño y, en general, una peor calidad de vida que puede causar cambios a nivel cerebral. Investigadores del BBHI han publicado un artículo en la revista Frontiers of Psychology que demuestra que las personas que sufren dolor crónico y tienen una mayor reserva cognitiva poseen una mayor capacidad para hacer frente al dolor y, en consecuencia, una menor afectación en su salud mental.

La reserva cognitiva representa la capacidad de nuestro cerebro de ejercer mecanismos de compensación que permitan mantener un buen funcionamiento tras experimentar un daño.  Viene determinada por las actividades que un individuo ha realizado y realiza a lo largo de su vida, tales como el aprendizaje de idiomas, el nivel educativo, la lectura, juegos de lógica como el ajedrez, la actividad social o el propósito vital o sentido de coherencia. “Un modelo completo para entender el dolor debe incluir no solo los factores de riesgo, sino también los factores protectores, y hemos estudiado si la reserva cognitiva puede ser uno de ellos”, explica Selma Delgado, fisioterapeuta especializada en Neurorrehabilitación, investigadora predoctoral del BBHI y primera autora del artículo.

 

Menor atención y mayor malestar

Previos estudios ya habían demostrado que las personas con dolor crónico tienen más deterioro cognitivo. Esto se debe a que el dolor puede actuar, por una parte, consumiendo recursos atencionales, y por otra elevando el sentimiento de malestar, lo cual puede derivar a las personas afectadas a sobreestimar las dificultades, incluidos los problemas subjetivos de memoria. Por ello, los investigadores se propusieron explorar la influencia de la reserva cognitiva en el impacto del dolor crónico sobre la salud mental.

El estudio escogió una muestra de 477 voluntarios y voluntarias del BBHI, de entre 40 y 65 años y sin enfermedades neurológicas o neuropsiquiátricas. De ellos, 217 (45,5%) indicaron sufrir dolor crónico y 260 no, y el grupo que padecía dolor se dividió a su vez en dos subgrupos según tenían dolor intenso o leve.

Los participantes realizaron cuestionarios sobre depresión y ansiedad, reserva cognitiva y estilos de vida, así como una evaluación neuropsicológica. Mediante el análisis de los datos, los investigadores han concluido que las personas con dolor intenso y elevada reserva cognitiva mostraban una menor afectación en su salud mental respeto a las personas con bajos niveles de reserva, debido a que pueden gestionar el dolor más eficientemente. “Esto puede explicarse porque una mayor reserva cognitiva puede incrementar la habilidad para gestionar los recursos y las emociones manejar las dificultades y tomar decisiones, permitiendo a la persona con dolor ser menos propensa a estar atenta al dolor o a los síntomas depresivos”, detalla Gabriele Cattaneo, neuropsicólogo, investigador postdoctoral del BBHI y coautor del artículo. Este efecto no se detectó, sin embargo, en las personas con dolor crónico leve.

Los investigadores destacan la relevancia de estos resultados porque la reserva cognitiva es un factor modificable, que las personas adultas pueden entrenar mediante actividades como los pasatiempos, la lectura o los juegos de lógica. “Futuros estudios pueden centrarse en estrategias biopsicosociales para abordar el dolor crónico que no se centren únicamente en el aspecto físico del dolor, sino también en los aspectos cognitivos, como las creencias y las ideas sobre su propio dolor, y emocionales, como la depresión, la ansiedad o el miedo al movimiento”, indica Delgado.