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Prevenir la demencia más allá del cerebro

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, 50 millones de personas sufren demencia en el mundo, y el Alzheimer es la causa principal en el 60-70% de los casos. A medida que la edad media de la población mundial se incrementa, se espera que la prevalencia de esta enfermedad aumente. Por ello, el director científico de Guttmann Barcelona Instituto de Salud Cerebral y del estudio BBHI, Álvaro Pascual-Leone, subraya en un editorial en la revista Annals of Neurology la importancia de incidir en la prevención de esta enfermedad mediante un enfoque integral que tenga en cuenta no solo la salud cerebral, sino la salud integral de cada individuo.

 

“El médico canadiense William Osler decía que ‘el buen médico trata la enfermedad, y el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad’”, expone Pascual-Leone, que también es Catedrático de Neurología de la Harvard Medical School, en Boston (EEUU)­. “Teniendo en cuenta el problema de salud global que representa el Alzheimer, en este caso la frase cobra más sentido que nunca: necesitamos dejar de centrarnos en la enfermedad para centrarnos en la persona”, continúa.

Guttmann Barcelona Instituto de Salud Cerebral y Neurorrehabilitación es una clínica pensada y diseñada para el diagnóstico y tratamiento de los problemas funcionales que afectan a las personas que padecen una enfermedad neurológica o algún tipo de trastorno neuropsiquiátrico. Uno de sus principales objetivos es promover la salud cerebral, y para ello inició en 2017 el estudio Barcelona Brain Health Initiative, que cuenta con una cohorte de 5.700 voluntarios con el objetivo de conocer y entender cómo mantener la salud cerebral.

La “fragilidad”, un factor clave

El editorial de Pascual-Leone se centra en un estudio publicado en el mismo número de Annals of Neurology, que afirma que la progresión de afectación cognitiva leve a demencia no depende únicamente del subtipo de trastorno cognitivo leve que presente un paciente. La afectación cognitiva leve puede considerarse precursora de la demencia, aunque no siempre es así. El riesgo de progresión a demencia se considera especialmente alto cuando esta afectación va acompañada de déficits de memoria.

En el estudio recién publicado, realizado con 3.500 personas mayores de 65 años con afectación cognitiva leve, los investigadores observaron que las que tenían problemas de memoria tenían el doble de posibilidades de desarrollar demencia. Pero también detectaron que aquellas que presentaban una situación de elevada “fragilidad” tenían muchas más posibilidades de progresar a demencia, tuvieran o no problemas de memoria.

El trabajo detalla por tanto 16 factores para definir la “fragilidad”, como por ejemplo los problemas de visión y audición, la nutrición y el índice de masa corporal, la función motora, el equilibrio y la forma de andar del individuo. Es por ello que Pascual-Leone incide en la necesidad de tener en cuenta la historia personal, el estilo de vida, las comorbilidades y las circunstancias del paciente a la hora de evaluar su riesgo de progresar a demencia.

Un campo por explorar

Por ejemplo, un estudio realizado a lo largo de 25 años en 4.000 personas mayores de 65 años demostró que aquellas que usaban audífonos presentaban un riesgo más reducido de desarrollar demencia. Y otro trabajo, publicado en The Lancet y realizado a lo largo de 3 años en 1.200 personas, concluyó que una amplia red social podría conferir cierta protección a desarrollar demencia. Aun así, Pascual-Leone destaca que es necesario realizar más estudios que permitan distinguir claramente entre causa y consecuencia. “Puede ocurrir que las personas en estados iniciales de deterioro cognitivo se retraigan y disminuyan sus relaciones sociales, por lo que en esos casos la falta de interacción no sería una causa, sino una consecuencia de la patología”, aclara el investigador.

Finalmente, Pascual-Leone también subraya la importancia de diferenciar cuándo dos factores se producen al mismo tiempo pero no hay una relación entre ambos. “Las personas al hacerse mayores incrementan el riesgo de tener problemas de audición y de desarrollar demencia, pero esos problemas no tienen que estar necesariamente relacionados entre sí, y simplemente coincidir en el tiempo”, expone.