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ONU pide tomar medidas para proteger la salud mental durante y después de la COVID-19

Al presentar su informe de actuación sobre los efectos de la COVID-19 y la salud mental, el Secretario General de las Naciones Unidas António Guterres destacó que los padecimientos psicológicos como la depresión y la ansiedad «constituyen algunas de las mayores causas de sufrimiento en nuestro mundo».

Según los datos de la ONU, antes de la pandemia de COVID-19 la depresión y la ansiedad ya costaban a la economía mundial más de un billón de dólares al año.

«Durante la emergencia que ha causado la COVID-19, la gente tiene miedo de la infección, de morir y de perder a sus familiares», explican las recomendaciones de las Naciones Unidas.

«Al mismo tiempo, un gran número de personas han perdido o corren el riesgo de perder sus medios de vida, han quedado socialmente aisladas y separadas de sus seres queridos y, en algunos países, han sufrido órdenes de confinamiento en el hogar que aplicaron de manera drástica».

En este sentido,  desde el BBHI se está focalizando en un estudio sobre aspectos de salud mental durante la pandemia cuyos resultados se publicarán más adelante.

Crece la vulnerabilidad

Los datos a nivel mundial parecerían confirmar esta mayor vulnerabilidad mental, dijo Dévora Kestel, la directora del Departamento de Salud Mental y Consumo de Sustancias de la OMS, citando encuestas que muestran un aumento del sentimiento de angustia en el 35% de la población encuestada en China, el 60% en el Irán y el 45% en los Estados Unidos.

Afecciones neurológicas y salud cerebral

Los síntomas de salud mental causados por la COVID-19 incluyen dolores de cabeza, deterioro del sentido del olfato y del gusto, agitación, desvaríos y derrame cerebral, según el documento de las Naciones Unidas.

Las afecciones neurológicas ocultas también aumentan el riesgo de hospitalización por COVID-19, señala, mientras que el estrés, el aislamiento social y la violencia familiar probablemente afecten a la salud cerebral y al desarrollo de los niños pequeños y los adolescentes.

El aislamiento social, la reducción de la actividad física y la disminución de los estímulos intelectuales aumentan el riesgo de deterioro cognitivo y demencia en los adultos de más edad, añade.

Leer la noticia completa en la web de la OMS: