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La actividad física tiene muchos beneficios para la salud en individuos con y sin antecedentes de daño cerebral adquirido

Adherirse a un estilo de vida físicamente activo se asocia con percepciones de salud cognitiva y global más altas, especialmente en personas con antecedentes de daño cerebral adquirido (DCA), según un nuevo artículo publicado por investigadores del BBHI en la revista Frontiers in Neuroscience.

“La mayoría de los individuos no son lo suficientemente activos y, por lo tanto, es fundamental desarrollar estrategias para aumentar la adherencia y la participación en un estilo de vida físicamente activo tanto para aquellos con o sin antecedentes de daño cerebral adquirido,” afirmó Tim Morris, principal autor del artículo e investigador del BBHI.

La actividad física tiene muchos beneficios para la salud en individuos con y sin antecedentes de DCA. Los investigadores evaluaron el impacto de la actividad física en la salud global y cognitiva según lo medido por los cuestionarios de NeuroQoL de función cognitiva y el PROMIS de salud global en la cohorte de BBHI.

Beneficios de la actividad física

La actividad física se asocia con un riesgo 20 a 30% menor en la mortalidad por todas las causas y la incidencia de enfermedades crónicas múltiples. Numerosos órganos de gobierno, entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Americana del Corazón y el Colegio Americano de Medicina Deportiva, han centrado su atención en los efectos beneficiosos de un estilo de vida físicamente activo. Los efectos abarcan múltiples sistemas corporales desde los beneficios cardiovasculares hasta la salud mental y la función cognitiva.

Los efectos de la actividad física en la función cognitiva han recibido una atención particular en las últimas décadas. La actividad física representa un factor de estilo de vida modificable capaz de mejorar la salud cognitiva y global a lo largo de la vida. Sin embargo, participar en un estilo de vida físicamente activo no es trivial. Según la OMS, a nivel mundial, uno de cada cuatro adultos se clasifica como insuficientemente activo, lo que se estima contribuye al 9% de todas las muertes prematuras en el mundo (o 5.3 millones).

 

 

Enlace al artículo en Frontieres in Neurscience: