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El BBHI obtiene un proyecto para estudiar los mecanismos biológicos y psicológicos que determinan que algunas personas sean más resilientes ante situaciones adversas

La Agencia de Gestión de Ayudas Universitarias y de Investigación de la Generalitat de Cataluña ha concedido un proyecto de un año y medio para recopilar nuevos datos médicos, de salud mental y hábitos de vida en 2.600 personas de las que se ha hecho seguimiento durante la pandemia de la Covid-19

 

El BBHI ha sido uno de los ganadores de la convocatoria PANDEMIAS 2020 de la Agencia de Gestión de Ayudas Universitarias y de Investigación (AGAUR) de la Secretaría de Universidades e Investigación del Departamento de Empresa y Conocimiento de la Generalitat de Catalunya. El estudio presentado por el BBHI, que tendrá una duración de 18 meses, tiene el objetivo de identificar marcadores psicobiológicos que hacen que algunas personas sean más resilientes tienen más capacidad para afrontar situaciones adversas que otras. Esta identificación puede conducir al desarrollo de modelos predictivos para determinar qué personas pueden ser más susceptibles de sufrir consecuencias sobre su salud mental y cerebral en caso de futuras situaciones similares.

Una de las principales amenazas del SARS-CoV-2 contra la salud pública, y que además afecta a todos los segmentos de la población, son las secuelas psicológicas y psicosociales de medidas de restricción como los confinamientos. “Estas restricciones ya se han asociado con la emergencia de síntomas como el miedo, la depresión, el insomnio o la idea del suicidio, así como con un incremento de sentimientos como la soledad, entre otros”, expone el investigador principal del BBHI y profesor de la facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad de Barcelona, ​​David Bartrés-Faz. “Sin embargo, también se han detectado ciertos individuos y grupos sociales que aparentemente son más resilientes y están relativamente protegidos contra las secuelas psicológicas. Lo que queremos estudiar es qué tienen estas personas y grupos, que no tiene el resto”, añade.

 

Factores psicológicos, culturales, sociales y estructurales

Según los investigadores, la resiliencia viene determinada por aspectos psicológicos –como las habilidades para gestionar el estrés o la autoestima–, factores culturales y hábitos de vida, entre los que se encuentran la actividad social, la nutrición o el sueño. Además, varios estudios de neuroimagen y neurofisiología ya han demostrado que el funcionamiento de las áreas y redes cerebrales juega un papel importante en la adaptación de los individuos a los acontecimientos adversos.

“La mayoría de investigaciones en este campo han recopilado datos de la población después del inicio de la pandemia, y captando datos de un único momento”, explica Bartrés-Faz. En cambio, el BBHI dispone de datos sobre los hábitos, estado de ánimo y actividad social de 2.600 personas desde los 2 años previos a la aparición del SARS-CoV-2, y de los mismos datos recogidos también en diferentes momentos de la pandemia. Además, el estudio realizó pruebas médicas exhaustivas (resonancia magnética cerebral, electroencefalograma, evaluación neuropsicológica, analítica y prueba de esfuerzo) de 700 de los participantes.

Ahora, el proyecto prevé enviar cuestionarios mensuales a la cohorte de 2.600 personas, además de la repetición de las pruebas médicas a los 700 participantes, para detectar posibles evoluciones en las estructuras cerebrales a lo largo del tiempo. Además, 150 personas de la muestra han sido diagnosticadas en algún momento con la Covid-19, por lo que el estudio prevé investigar los efectos a largo plazo del virus en la salud mental y cerebral.

Los investigadores defienden que los resultados podrán transferirse al estudio de la resiliencia en diferentes contextos diferentes de la Covid-19, como desastres naturales. “Se estima que casi el 30% de la población general sufrirá alguna forma de estrés o ansiedad a lo largo de su vida, por lo que identificar los factores que promueven la resiliencia puede ayudar a elaborar medidas de prevención y vigilancia de salud pública en determinados sectores de la población que se identifiquen como más vulnerables”, concluye Bartrés-Faz.